Psicólogos ¿Para qué?


Cuando decides que vas a ser psicólogo, y comienzas tus estudios en la facultad, asumes muy rápido que la gente te preguntará “para qué sirve un psicólogo”. Y es que por motivos que todavía escapan a mi entender (¿quien ha hablado del lobby farmacéutico? ¡yo no he dicho nada de lobbies farmacéuticos, no me apunte con esa pistola oiga!) es mucha la gente que desconoce la función del psicólogo más allá del cliché de psicoanalista freudiano que vemos en televisión y que tan poco tiene que ver con el psicólogo clínico.

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Para tratar de explicar la función de un psicólogo clínico, permitidme hacer un breve ejercicio de imaginación y crear dos pequeñas historias: la historia de Anita y la historia de José.

La primera de nuestros dos protagonistas, Anita, es una joven y prometedora estudiante de arquitectura a las puertas de graduarse. Tiene un excelente expediente académico, ha realizado unas muy satisfactorias prácticas en una gran empresa (que le ha prometido contratarla en cuanto finalice sus estudios) y además siempre saca tiempo para mantener intacta una muy saludable red de amistades. Anita es optimista, alegre y risueña: la clase de persona que, como se suele decir, ve siempre el vaso medio lleno.

Cierto día, Anita comienza a notar un ligero dolor alrededor del ombligo. Al principio no le hace mucho caso, pero con el paso de los días el dolor se intensifica y se desplaza hacia la parte inferior derecha del abdomen. Ella, preocupada, piensa en acudir al médico; aunque primero lo consulta con su compañera de piso. Esta no solo la anima encarecidamente a que acuda sino que incluso se ofrece a acompañarla. El diagnóstico es rápido y claro: apendicitis. El tratamiento hoy en día es muy sencillo, únicamente hay que pasar por una pequeña cirugía en la que se extrae el apéndice y, tras un poco de reposo, a seguir haciendo vida normal.

Nuestro segundo protagonista de hoy, José, es al igual que Anita un joven y prometedor estudiante, pero en este caso de ingeniería química. Sus proyectos y sus ideas son fascinantes y todos sus profesores están convencidos de que llegará lejos. Pero aquí terminan todas las similitudes con nuestra primera historia. José es un muchacho frecuentemente entristecido, cosa que él achaca fundamentalmente a su baja autoestima. Normalmente no se lo cuenta a nadie, pero nosotros (como guionistas todopoderosos) conocemos el motivo de los problemas de autoestima de José: estos se remontan al instituto, donde sufrió problemas de acoso escolar. Nunca nada extraordinariamente llamativo como para ser portada de periódico, sino solo las típicas cosas de críos que diría algún adulto. El problema, es que esas cosas de críos duraron demasiado tiempo, y por haches o por bes, siempre era José el blanco de alguna burla. José soñó mucho tiempo con tener un nuevo y saludable circulo de amistades al llegar a la universidad; más por un motivo o por otro nunca se terminó de atrever a integrarse ni a dejarse integrar, y finalmente se dio por vencido. Asumió su soledad, se centró en el resto de aspectos de su vida (fundamentalmente en el plano académico) y apartó su tristeza a un lado, haciendo como si esta no existiese. En ningún momento pensó, por supuesto, en ir al psicólogo; y tampoco nadie se lo aconsejó. Aunque siendo sinceros, lo más probable es que hubiese hecho oídos sordos a tal consejo.”¿Ir yo al psicólogo? a mi no me hace falta, esos es para los locos, y yo no lo estoy”.

Si te has encariñado con José, lo siento, porque me lo voy a cargar en breves. José continua con su vida durante algunos años más, hasta que su depresión se convierte en algo insostenible para el y, sintiéndose completamente falto de apoyo para solucionarlo se quita la vida.

Quizás a alguien le pueda parecer un poco exagerado el final que he elegido para José. Sin embargo, los datos del INS muestran que el suicido es la primera causa de muerte no natural en España. Datos que por cierto la televisión tiende a esquivar, lo que a mi parecer es un error. Pero eso da para otra entrada en otro momento que no es hoy.

La cuestión es que las psicopatologías como la depresión u otras como el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada, los ataques de pánico, etc. son una realidad que, en casos extremos como el de José puede llegar al suicidio y, en el resto de casos a vivir (o más bien sobrevivir) una vida infeliz o hueca. El psicólogo es un profesional sanitario más que está ahí para, y cito el suplemento europeo para títulos, la realización de actividades de orientación, diagnóstico, prevención e intervención relacionadas con trastornos comportamientos y comportamientos que influyan en la salud. Si te duele mucho el estomago vas al médico sin dudar un segundo, ¿por qué no hacer lo mismo si lo que te duele son tus pensamientos, tus emociones o tu conducta? Piénsalo.

El mismo ejemplo se aplica a nuestros seres queridos. Si a tu compañera de piso le duele el apéndice la acompañas al médico. Si está deprimida… “Eso con unas cañas se arregla, venga. Y alegra esa cara mujer ¿no?” Invito, de nuevo, a la reflexión.

Datos y cifras de la OMS sobre depresión. -> para quien le interese.

 

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